Aunque en nuestro país no se hayan
encontrado gran muestras de tejidos arqueológicos, sabemos de su
existencia por el hallazgo de instrumentos de trabajo tales como
agujas de hueso y piedras horadadas, que sirvieron de volantes de
huso para el hilado del algodón, ampliamente cultivado en muchas
regiones del país, según se lee en las anotaciones de escritores,
cronistas y viajeros, quienes atestiguaron la variedad de sus usos y
técnicas de manufactura.
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Así mismo, la milenaria
observación de sustancias tintóreas da cuenta de una suerte de química muy
antigua, destinada a colorear los hilos que conformaban trama y urdimbre de
telares rudimentarios.
En los que nuestros indígenas
confeccionaron mantos, chinchorros y otros géneros textiles. |
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Por esto, muy
pronto introdujeron los complejos telares europeos de lizos y
pedales, y el uso de lana de ovejas traídos de Castillo.
Entre 1546 y 1549, Juan Pérez de Tolosa, Gobernador y Capitán
General de la Provincia de Venezuela, fundó la primera industria
de telares y tejidos en la ciudad de El Tocuyo, en el hoy estado
Lara. |
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Hacia finales
de 1605, ya se producían en Mérida, Trujillo, Coro y
Barquisimeto, alfombras de lana y telas de algodón de muy buena
calidad. |
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De las alfombras merideñas
todavía se conservan testimonios materiales: éstas se hicieron en telares de
alto lizo, colocando los hilos en la urdimbre verticalmente.
Siendo una particularidad del tejido
de alfombras de esta región, el uso de un nudo sencillo, no doble como el de las
alfombras persas y turcas. |
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Así, la empresa
iniciada por Juan Pérez de Tolosa, reseñado ampliamente en los
crónicos de Fray Pedro Simón, cesó un día cualquiera, en los
años 60 del siglo XX, con la muerte de Elías García, último
tejedor de telas de vestir. |
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Aunque ya no se
escucha el rumor cercano de las ovejas que solían pastar en los
tórridos y espinosos aledaños de Tintorero, y
el algodón industrial haya sustituido por completo a la lana;
aunque las faenas de escardado, teñido, lavado e hilado sean
apenas un recuerdo, un traquetear de los maderos del telar
afirmo que en este lugar, un grupo de artesanos encabezados por
la memoria del ya legendario Don Sixto Sarmiento, cuya estirpe
hunde raíces en el tiempo, continuó las artes del telar europeo
convirtiéndolos en industria de excelencia y rendimiento. |
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El tejido de hamacas y
chinchorros, enseres colgantes de origen indígena destinados al
sueño, al descanso, al amor y la muerte, se ha extendido a todos
los regiones del país, adoptando en cada lugar, en cada sitio,
una expresión propia que los caracteriza y diferencia. |
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Sus elementos
básicos pueden ser los mismos, sin embargo, las técnicas se
adecuan a la tradición, al clima y a las fibras producidas. En
Venezuela hacemos distinción entre chinchorro y hamaca, la cual
radica en el tipo de punto utilizado. Mientras que en el primero
el tejido se hace abierto, en la segunda se teje una trama
tupida como una tela. Aunque el uso de telares verticales a
manera de "bastidor" es general, pueden variar los tipos de
madera y las dimensiones. Sin embargo, en lo mayoría de los
casos, tejer hamacas y chinchorros es para las mujeres indígenas
o campesinos de todo el país uno de las más importantes fuentes
de ingreso en su economía doméstica. En los Andes, Mérida
y Táchira se teje la lana de oveja. Hacia el oriente,
principalmente en los poblados indios del Delta, se usa el
moriche.
Artesano / Tejedor: Enderson
Rodríguez |
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