"La Península de Paraguaná desde
tiempos muy remotos ha sido un punto muy septentrional
en el Estado Falcón. Desde el 9 de agosto de 1499, a
la llegada de la conquista a nuestras tierras y
después de haber ocurrido los llamados asentamientos,
se da origen a una serie de intercambios entre indios,
negros y españoles, los cuales podríamos llamarlos
mezclas, culturas y religiones. En el aspecto cultural
religioso cuando se implanta la fe católica cristiana
en nuestra península crece entre sus habitantes el
amor hacia Dios, los santos y hasta la propia virgen
María. Fue entonces cuando a mediados del siglo XVI
que los instrumentos musicales como las maracas y el
tambor de origen africano los cuales en la antigüedad
eran fundamentales en los rituales y veladas de indios
y negros esclavos estos a través del tiempo junto al
cuatro proveniente de España ligados a diferentes
ritmos folklóricos los cuales también procedían de esa
latitud y de África específicamente tales como: el
golpe de tambor, la gaita, la décima, la salve y
muchos otros. La Décima fue traída por ese gran poeta
como lo fue Vicente Espinel, de origen español, es una
manifestación folklórica popular que nos da a conocer
hechos reales de la vida cotidiana. Los ancestros nos
cuentan que esta servía de medio de comunicación a la
gente de Paraguaná, que se mantenían informados a
través de la chispa del verso popular sobre las
personas fallecidas o cualquier hecho curioso y
picaresco. La Salve, desde el punto de vista poético
es un canto esencialmente religioso, donde las
personas que la han sabido cultivar durante siglos de
generación a generación nos muestran su adoración por
la virgen, el niño, los pastores, San Benito, San
Isidro Labrador. Estos cantos eran llamados
Velorio de Cruz o de Angelito, porque cuando moría un
niño se le cantaba para que llegara feliz al cielo.
También se le denomina canto de altar, pues se le
hacen promesas a los santos por enfermedades y para
que se lograran las cosechas. Esa era una forma de
rezar cantando, tanto salveros como decimistas,
quienes han habitado en toda Paraguaná y que han
sabido llevar por siempre estos ritmos tradicionales y
con el correr del tiempo una gran parte han dejado
esta tierra, pero los que quedan no han tenido apoyo
ya que son muy pocos los grupos de salveros y
decimistas mayores, quienes desean que los jóvenes se
involucren para que estas costumbres no decaigan."
Isidro Rodríguez
Compositor popular de La Pitahaya, Paraguaná, Falcón.
Venezuela.