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LA DÉCIMA EN LA TRADICIÓN HISPÁNICA |
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La escisión del antiguo verso castellano de dieciséis
sílabas, da origen al octosílabo que "se impone desde
mediados del siglo XIV". Alfonso XI, a fines de dicho
siglo, escribe en cuartetas octosilábicas. También lo
hace Alfonso el Sabio. Más acá, el Arcipreste de Hita,
y hay trozos octosilábicos en la Crónica Troyana.
Octosílabos escribe López de Ayala y los poetas del
Cancionero de Baena, al finalizar el siglo XIV y en
los inicios del XV. Pero si ya existía el
octosílabo en versos aislados, hasta 1350 "el verso
castellano no se organizaba en verdaderas estrofas
(...) Faltaba la estrofa como entidad, como grupo
completo de versos iguales o desiguales entre sí, con
variedad en la distribución de las rimas". "Las formas
en que se agrupan los renglones - dice Henríquez Ureña
- son todavía simples, elementales, meras seies sin
variedad, sin alternancia de las rimas". Son
irregulares e imperfectos, por lo tanto, los versos de
la epopeya y los de las producciones más conocidas:
"El misterio de los Reyes Magos", "La razón de amor",
"Elena y María", "La vida de Santa María Egipcíaca" ,
"Los tres reyes de Oriente", y hasta gran parte de los
versos de "El conde de Lucanor". La poesía enfrenta la
monotonía evidente de la cuaderna vía y la
elementalidad de los viejos romances. Por todo ella
cobra señaladísima importancia la ruptura en dos del
verso de dieciséis sílabas que origina la creación de
la cuarteta octosilábica de uso general a fines del
siglo XVI. Junto con la aparición del octosílabo
y la cuarteta octosilábica, hay otras referencias que
apuntan a la creación de la décima castellana. Por
ejemplo, la copla caudata de tetrasílabos y
octosílabos, en los dos últimos tercios del XV. Una
estrofa imperfecta de pie quebrado. Los ejemplos de
esta primera combinación decimal son abundantes en el
"Cancionero de Zaragoza", de Ximénez de Urrea, y en
las cancioneros de los siglos XV y XVI.
Precisamente Tomás Navarro ha orientado sus
investigaciones a demostrar la existencia de estrofas
de diez versos en las producciones de los siglos
mencionados aunque no deja de reconocer que "la
estrofa octosilábica conocida por antonomasia con el
nombre de décima no se divulgó hasta la aparición del
libro "Diversas Rimas" de Vicente Espinel, publicado
en 1591" Rodolfo Lenz, Hans Janner, Emiliano
Diez Echarri, Juan Millé y Jiménez, Dorothy Clotelle
Clarke, estudian la estrofa de diez versos antes de
Espinel. También es importante el aporte de Francisco
Rodríguez Marín quien ha demostrado que son mínimas
las diferencias entre la espinela y las décimas
escritas por Bartolomé Torres Naharro en "Propalladia",
que data de 1517 y, sobre todo, por Juan Fernández de
Heredia, fallecido en 1549. En verdad, la décima
de Torres Naharro guarda idéntica estructura que la
espinela - combinación 8 abbaaccddc - con la única
diferencia de que el sexto verso es de cuatro sílabas.
Sin embargo,Torres Naharro en la jornada IV de su
"Comedia Jacinta" evoluciona hacia una décima casi
perfecta, estructurada 8 abbaacaccddc. Véase un
ejemplo:
¿quién las suele importunar?
Nosotros con mil locuras,
Que aunque fuesen piedras duras
Las haríamos quebrar;
Nosotros por las burlar
Mil esperanzas les damos,
Nosotros sin las dexar
Por el mundo las llevamos;
Nuestras virtudes hallamos
Ser las que aprendemos dellas;
Sus maldades ser aquellas
Que nosotros les mostramos
La de Fernández de Heredia se diferencia en que la
décima se inicia con una cuarteta en lugar de una
redondilla, o dicho con otras palabras, Fernández
utilizada rima alterna en vez de rima cruzada. Y no se
debe olvidar, en verdad, que en un principio la
redondilla obedecía a esta estructura. Por su parte,
Sánchez y Escribano incorpora un aporte concreto.
Después de referirse al trabajo de Clarke ("Prueba que
la primera espinela, escrita por Espinel y la de fecha
mas remota que se conoce hasta ahora, no es anterior a
1586") informa que la casualidad le ha llevado "a
descubrir una composición poética, escrita en
espinelas, de fecha anterior a 1571". Se trata de
"Mística pasionaria" del humanista sevillano Juan de
Mal Lara, escrita en catorce "estaciones", "siendo
cada una de ellas una espinela". La primera dice a la
letra:
Anima devota y pía,
En la primera estación
Has de poner la atención
En la vil saña judía.
Sangre del justo pedía
Aquella chusma de ingratos
Con furiosos aparatos
Y voces descompasadas,
Y con sus manos lavadas
Entrega al justo Pilatos
La última, también citada por Sánchez, dice así:
Anima, ya al sumo bien,
Envuelto en blanco sudario
Escoltar es necesario
Hasta que tierra le den.
Sigue a la madre también
Y toma parte de su duelo;
Que tras del amargo anhelo
De la humana vida encierra
Con la clave de la tierra
Se abre la puerta del cielo
Pero en verdad, además de Mal Lara, muchos otros
poetas utilizaron la combinación decimal antes de
Espinel, aunque la estrofa estaba estructurada
básicamente con una redondilla inicial y una sextina.
De obligatoria mención los nombres de Pedro Torroella
Mendoza en el "Cancionero de Zúñiga", Juan Rodríguez
del Padrón quien también invierte el orden y utiliza
el pie quebrado a la manera de Manrique en "los siete
gozos de amor". También Azevedo utiliza una
combinación decimal en estrofa inserta en el
Cancionero del British Museum. José María de Cossío
menciona diez y siete poetas que antes de Espinel
manejaron la décima. En orden progresivo: Alfonso
Alvarez de Villasandino, Ferrant Manuel de Lando, Juan
García de Vinuesa, Don Alberto de Lema, Gómez
Manrique, Cartagena, Pedro Torroella, Mendoza, Juan
Rodríguez Padrón, Azevedo, Juan de Mena, Marqués de
Santillana, Juan Agraz, Tapia, Juan del Encina,
Ximénez de Urrea y Juan Fernández de Heredia. En
verdad, Espinel de manera definitiva fija la pausa -
hasta entonces fluctuante - en el 4° verso. Sin
embargo, ya lo habían hecho circunstancialmente Gómez
Manrique, Pedro Torroella y Fernán Pérez de Guzmán.
Dorothy Clarke todavía más allá. "Todos los elementos
de que se compone la espinela - afirma - se encuentran
en la poesía antes de Espinel, peor no exactamente en
el mismo orden, en la misma combinación que requiere
la espinela. En efecto - añade - no sería inexacto
decir que la décima es una antigua forma estrófica y
que la espinela es una forma o un tipo de la décima".
Fue Lope de Vega quien en su libro "La circe" que data
de 1624 creó el nombre de espinela: "no parezca
novedad - argumentaba - llamar a espinelas a las
décimas, que éste es su verdadero nombre, derivado del
maestro Espinel, su primer inventor". Espinel no
emplea la nueva forma sino una sola vez, con el titulo
de "Redondillas". Y esta no es sino una de las tantas
combinaciones que utiliza en sus "Diversas rimas", el
libro que lo inmortalizó, precisamente por la
inserción de la espinela. José María de Cossío cree
que la inclusión de la décima fue deliberada, tanto
como la explicación sobre la originalidad de la
espinela. "No décimas del número de versos - que
impropiamente puso - el vulgo vil y califica el uso",
aclaraba el genio. Pero es dable imaginar que ya en su
época hubo polémica en torno a la legitimidad de la
creación de Espinel. El mismo Lope parece indicarlo al
añadir: "o los que fueron a su fama adversos". Por eso
aboga por su amigo, por su maestro: "Pues de Espinel
es justo que se llamen - y que su nombre eternamente
aclamen" ("Laurel de Apolo"). Por otra parte, Lope
reconoce que antes de Espinel la décima existía. En su
famosa dedicatoria inserta también: "Si bien se hallan
algunas en los antiguos". Todavía en el siglo
XVIII la polémica continuaba. Gregorio Mayánsy Siscar
("Vida de Cervantes", Briga Real, 1737, edic. J.Gil y
Calpe, Valencia (s.a), p. 18 y "Cartas morales",
Valencia 1773, IV, 514) atribuye la invención a Juan
Ángel, que usa la décima con diversos esquemas en "Tatriunfo"
de don Rodrigo Mendoza, Marqués de Cenete, en 1523.
Pero antes en el XVII, también se discutía. A favor de
Espinel, además del importante testimonio de Lope de
Vega, está el de Jacinto de Espinel Adorno quien
afirma en su novela "El premio de la constancia y
Pastores de Sierra Bermeja", 1620: "Décimas se llaman
porque tienen diez versos, y espinelas porque su
inventor primero fue aquel insigne ingenio de Vicente
Espinel". Pero sin duda que el mérito de Espinel es
indiscutible. Por lo menos desde 1587 cuando don
Alonso de Ercilla ya le había aprobado sus "Diversas
rimas" había entronizado la pausa en el 4° verso, y
mucho más. "La estrofa adquirió efectivamente - son
conceptos de Cossío - su grado de madurez métrica y
expresiva y ha fijado definitivamente sus
consonancias".
Esto fue lo que hizo Espinel:
Suele decirme la gente
Que en la parte sabe mi mal,
Que la causa principal
Se me ve escrita en la frente,
Y aunque hago de valiente,
Luego mi lengua desliza
En lo que dora y matiza;
Que lo que el pecho no gasta
Ningún disimulo basta
A cubrirlo con ceniza.
En cuanto a Clarke, considera que "la invención de
Espinel consistió en cambiar y fijar la rima de la
última redondilla de la estrofa". Cree, no obstante,
que "la verdadera importancia de la obra de Espinel no
es tanto el haber inventado la estrofa cuando haberla
popularizado". Gili y Gaya comparte el criterio:
"Todos sus contemporáneos le atribuyen asimismo la
invención de la décima, a la que se dio el nombre de
espinela; sin embargo, lo que hizo Espinel fue
perfeccionarla dotándola de unidad y ligereza, y por
haberla usado un poeta de tanto prestigio como él, la
estrofa se puso de moda". Por todo ello, con toda
razón afirma Cossío que "fue Lope de Vega quien por
devoción al maestro Espinel insistió sobre el valor de
su hallazgo, y sobre todo le incorporó al repertorio
estrófico de su teatro, y en él sí que el buen éxito
de su espinela, animada por el genio del gran poeta,
logra imponerse, y se difunde, y es imitada por todos
y por todos celebradas".
(...)
En definitiva, es la espinela la forma decimal que se
consagra y se populariza ¿La inventó Espinel? A todas
las dudas y los testimonios se añade el que
consideramos más viable. Espinel fue poeta que estuvo
siempre cerca del pueblo, hasta frecuentó los barrios
bajos. Durante su residencia en Sevilla - apunta
Gili y Gaya - vive entre la sociedad de los pícaros y
es el protagonista de una serie de pendencias y
amoríos en que la justicia tuvo que intervenir más de
una vez ". ¿Será exagerado pensar que Espinel aprendió
la forma en su convivencia con el pueblo? Recuérdese
que él no apreció el valor de su hallazgo - o por
mejor decir, no creía haber hecho ninguno - cuando en
sus "Diversas rimas" la incluye con el titulo de
"Redondillas". De haber nacido en el pueblo, se
justificaría, sin necesitar ninguna otra clase de
argumento, la consagración popular de la décima. Lo
popular, en determinado momento, se la prestó a lo
culto. Pero nunca ha dejado de ser popular.
Fuente: Efraín Subero / La Décima popular
Venezolana Monte Ávila Editores 1991