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LAS "CANTERÍAS" Y CANTORES EN PARAGUANÁ |
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La especialista en folclor Isabel
Aretz en un trabajo publicado en la revista "El
Farol", de junio de 1956, señala que: "De La Vela de
Coro parte el camino que conduce a la Península de
Paraguaná. Un camino largo, invadido por los médanos,
que promete a lo lejos un espejo inmenso. Inacabables
salitrales hablan de tierras inhóspitas. Los cactus y
cujies, única vida vegetal, señalan con sus dedos una
bóveda inmensamente azul. El viento sopla implacable,
como si quisiera llevar toda la arena al cielo. A
pesar de esto, la península ejerce una gran atracción.
Gentes trashumantes llevan aquí un rumbo: Punto Fijo,
las refinerías de petróleo. En los pueblos de vida
febril las tradiciones han muerto. Pareciera que allí
los hombres han roto todo nexo con el pasado. Pero por
suerte aún quedan otros pueblos en la península, donde
tiene lenguaje propio la tierra. En Jadacaquiva y en
Pueblo Nuevo -viejo hoy- afloran músicos de
"cantería", como llaman en Falcón a la reunión de
varios cantores que han de alternar en la entonación
de romances, estribillos y salves, las especies
predilectas del canto "a lo divino". Y también se
canta al rosario, que remata con "La Corona", una
versión popular del Cantar de los Cantares, destinada
a exaltar las bellezas de María. (…) Pensando en
los músicos de estos pueblos, muchos nombres vienen a
nuestra memoria: Tomás y Carmen Rojas, oriundos de
Siqui Sique, Pedro Benjamín Fierro, Florentino
Chirinos y sobre todo Carlos Pragueris Cuba el gran
conductor de "canterias". En el caserío Montalban,
cerca de Jadacaquiva, Jacinto Primera, con sus setenta
y un años, era el prototipo del patriarca criollo.
Padre de diecisiete hijos, abuelo con treinta nietos,
habita su propio conuco y vive en la casa que
construyó en su juventud. Todo habla allí de labor
personal, nada hay comprado. Por eso también su música
es herencia de cantadores viejos pero no envejecidos.
Tiene la frescura de su pureza y la seriedad del
músico que no fue parrandero, como nos dice. Sus
Salves y sus Romances son joyas bíblicas. Así cuando
canta el tema de la pasión:
El lunes por la mañana
salió Cristo a padecer
y no se le dio cuidado
como el poder era de El.
El martes a mediodía
hizo la primera jornada:
llegaron los fariseos
a darle la bofetada.
El miércoles en la tarde
lo clavaron en la cruz:
le dieron amarga muerte
a aquel Divino Jesús.
Jueves fue la muerte
de Cristo Crucificado.
Le dieron amarga muerte
de pies y manos y costado.
Viernes le dan sepultura
a este Señor tan divino:
el sepulcro de vidriera
de ricos cristales finos.
Sábado repican gloria
con la vela y el incienso.
Domingo subió a los cielos
mi Dios poderoso, inmenso."
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Por su parte, el abogado y escritor paraguanero
Rodrigo Rodríguez, en su libro misceláneo "Geopolítica
de un Pueblo Nuevo", apunta que: "Carlos Cuba es un
caso excepcional, que dice mucho y merece atención
para penetrarlo y analizarlo con detenimiento, no solo
por su condición de hombre sencillo, modesto,
agricultor sin recursos económicos que se veía en la
necesidad de cultivar un almud de tierra -algo así
como dos Hras. Pegándose del corte con una azada
durante una temporada y dedicarse a otras tareas
propias de una persona carente de bienes de fortuna,
sino por la dedicación a cuestiones de índole cultural
como quien busca asirse de algo que pareciera no
estuviera a su alcance, y logra canalizar dentro de su
precaria posibilidad una vía que de alguna forma le dá
cierta notoriedad. El hecho de autodenominarse él
mismo El Cantor demuestra su vigencia en su medio y
trascendiendo su limitado espacio de acción, logra ver
que su determinación no se pierde en el vacío.
(...)
Se supone que tenía facilidad para componer e
inclusive versificar o cantar improvisando, pero de
ahí a escribir romances observando las reglas de la
composición, dá motivo para pensar que probablemente
hubo alguien que le enseñara o lo guiara o que en
estos menesteres, otros le precedían. Es indispensable
saber que Carlos Cuba era un asiduo cantador de
salvas, dado que en los alrededores del Pueblo, los
sábados y domingos, hacia la parte norte, justamente
su sector, se celebraban los llamados "Cabos de Año"
que algún vecino con el pretexto de cumplir una
promesa congregaba amigos y montaba el jolgorio,
levantando un altar con la imagen de un santo, sirios
encendidos, adornos de flores y mujeres
emperifolladas, quinceañeras coquetonas y mozos
entusiastas dispuestos a las frecuentes libaciones y
al cantar o canturrear de míticas o profanas
cadencias, demostrativas de la capacidad artística de
los presentes invitados. Este hombre era quien
llevaba la batuta cantante y sonante; tocaba el
"cuatro" y se hacía acompañar por un violín, tambor y
maracas y acaso algún otro instrumento y más cantantes
que hacían coro con melodías cadenciosas especialmente
de índole religiosa y era ampliamente conocido en el
campo y los pueblos por esa cualidad y su mejor
disposición para actuar. Sin duda que cantaba los
romances que componía, en los jolgorios de barrio o en
las parrandas de las tradicionales festividades cuendo
no había hecho su aparición la luz electrica, la
radio, televisión, rockolas ni los conjuntos que ahora
armonizan fiestas patronales en forma abrumadora en
pueblos y caseríos peninsulares.
Por lo regular en su vecindad se cantaban salves,
décimas, contrapunteo y saladillas (esto último parece
ser originario de la región) en épocas en que no había
fiestas religiosas o no ser feriado. La décima muy
vulgarizada no llamaba mucho la atención y era algo
así como la gaita con intención satírica de mala
factura. Se daba el caso que en las navidades Carlos
Cuba tenía su parranda, su grupo, y con ellos recorría
el Pueblo. El día de Navidad o de Año Nuevo ya al
medio día solo quedaba él yendo de casa en casa a dar
su felicitación y pedir su aguinaldo. Este era un
señor tranquilo bien educado y parco en el hablar aun
cuando solía embriagarse como cosa atinente a su
condición de "Cantaor" o cantor como solía titularse.
Desafortunadamente en mala hora -de eso es
responsables el comejen- desaparecieron algunos
apuntes logrados en conversación sostenida con Carlos
Pragedes Cuba, que así era su nombre, los cuales ahora
habrían servido para orientar mejor su capacidad y su
labor en pro del folklore paraguanero. Ahora precisa
anotar que no comienza ni termina con este hombre el
aspecto juglaresco de este Pueblo ni tampoco se
circunscribían sus manifestaciones
artísticas-culturales a este tipo de canto y
musicalización como se podrá ver mas adelante, aun
cuando por este mismo lado norte surge El Tambor, que
tradicionalmente ha sido una manifestación popular muy
arraigada y vinculada a todas las clases sociales como
atractivo de singular simpatía. Como en todas partes
se celebraba el 24 de diciembre, Noche Buena de
Navidad. Desde las ocho mas o menos repicaba el tambor
por el lado norte periférico dirigiéndose al centro.
Las familias Alvarez, Colman y Martínez se encargaban
de conducir la ruidosa y festiva tropilla farandulesca.
Un tambor regular o cuatro, violín, furruco, maracas y
charrasca con solistas y un coro que cantaba y danzaba
al compás de frecuentes libaciones; se puede decir que
tomaban de todo, ron, caña blanca, cocuy, coñag, vino,
anís y brandy y güisqui procurando mantenerse en buen
pié para amanecer el día de Pascua o de Navidad dando
la talla y a medida que avanzaban las horas crecía el
caudal humano y cobraba calor el cantar... "Panamá que
mi que va... Panamá ... Panamá... año que se va no
vuelve y si vuelve no es el mismo... Panamá...
Panamá... Panamá... Panamá... Había otras frases
ininteligibles y zandungueo para rato.
(...)
En la parte céntrica de la población desde tempranas
horas se corría la voz. "Ya el Tambor está listo;
quería decir esto que había habido ensayos, y se puede
asegurar sin lugar a dudas, que ricos y pobres,
blancos y negros grandes y chicos estaban pendientes
del retumbar del instrumento de percusión que llenaría
mas tarde el ámbito de sana alegría. Una de las
últimas capitanas de este fue la señora Eloísa Alvarez,
que ahora de avanzada edad debe añorar aquellos
tiempos, medio siglo atrás. Mujer popular animadora,
con parientes y vecinos levantaba el festival de ronda
y cumbia donde la charrasca y el tambor a paso rítmico
llenaba el espacio de aleluyas y así se repetía en
Noche Buena, de Año Nuevo y 1° de enero y el 6 Día de
Reyes. En las fechas citadas salían los
disfraces o "locos" como comúnmente se les decía, el
28 de diciembre se jugaba a los Inocentes -el 1° de
enero salían "Los Locos" mojigangas, luciendo trapos
diversos de llamativos colores y atuendo de
extravagancia, característico, y el 6 del mismo mes
que culminaban los festejos pascuales se echaban a la
calle los Reyes Magos, donde además de estos saltaban
y corrían otros que representaba la comitiva, la cual
perseguía a los chicos que gozaban abucheándolos y
tirándoles los rabos particularmente a uno que
representaba al Diablo mientras estos aparentemente
enardecidos llegaban hasta penetrar bruscamente en
casas particulares tras las muchachas que corrían
despavoridas ante los desconocidos enmascarados
terminando todo jocosamente.
(...)
En el Pueblo donde la mujer hacía gala de educación y
cultura era frecuente realizar Veladas -actos
culturales- tales como los de Coro. Grupo de damas de
familias distinguidas con vocación e inclinación
organizaban estos eventos. Las Madrid, Tellería,
Romero, Morell, Román, Otero, Arenas, y muchísimas más
se encargaban de conducir estas manifestaciones. La
Srta. Josefita Tellería fue entusiasta y decidida
colaboradora y existió una agrupación que se llamo
"Sociedad Josefina" en su honor. En estos casos
se montaban sainetes, comedias, cuadros vivos, cantos,
juegos cómicos y recitales, que a la par de animar y
divertir resultaban educativos."
Fuentes: Isabel Aretz, Revista "El Farol" Junio 1956 /
Rodrigo Rodríguez, Geopolítica de un Pueblo Nuevo.
Caracas 1978