Valorar y exaltar nuestras raíces,
dentro y fuera de mi país solo así sabremos de donde venimos y
reafirmamos nuestra identidad.
REPLICA DE PIEZAS PRECOLOMBINAS VENEZOLANAS
Mi
inquietud o interés desde la niñez
por conocer mis raíces, me ha llevado actualmente a un
periodo de investigación de varios años sobre las culturas
existentes en mi país antes del momento de la llegada de los
europeos. Me refiero con esto a los Arawacos, Guaiqueríes y
Caribes. En este proceso conocí algo de sus costumbres,
modos de vida, ritos mágicos religiosos y más profundamente
su legado alfarero.
Al
observar las piezas encontradas en las excavaciones alrededor
del Lago de Valencia o Lago de los “Tacariguas”, notamos la
calidad estética de su obra. Es fascinante definirlas: observar
sus formas, las suaves texturas visuales, pero rugosas al tacto,
los tonos terracotas, grises, ocres y marrón, las líneas o
formas geométricas, incisiones en forma de puntos y líneas
rectas formando triángulos, que sirven de atavíos a las piezas.
Es toda una magia que envuelve la espiritualidad y la esencia
misma del ser. Una simbología que nos lleva a nuestros orígenes,
representaciones de figulinas, Venus o Diosas.
Las piezas originales
fueron elaboradas por las Culturas Iniciales que poblaron nuestro territorio en
los años 2000 a.C. – 1500 d.C. y es a través de este legado histórico que se da
a conocer parte de nuestra tradición alfarera.
Difundiendo
así, toda la belleza, pureza, estética y perfección de las formas de la
alfarería, que son parte fundamental en nuestra herencia o legado artístico
cultural. Cada pieza es elaborada con un misticismo y simbolismo propio de
nuestras culturas representando figuras zoomorfas, antropomorfas, ricas en
ornamentos, incisiones de puntos, líneas y apéndices.
En las
representaciones de las figulinas generalmente se señala a
la mujer como fuente de vida, como productora de gran vulva
triangular y pequeños senos, con ojos grandes y alargados
semejando un grano de café, pequeños brazos y piernas
arqueadas. Su cabeza grande y aplanada, debido a la
deformación craneal practicada para ese entonces, aunque
también se piensa eran grandes máscaras usadas en los ritos
y ceremonias, siempre adornadas con incisiones en la parte
alta de la cabeza, en ocasiones podemos observar narigueras,
zarcillos o pendientes y collares en forma de líneas y
puntos. Estas figulinas representan lo maravilloso de la
femineidad relacionada con la madre tierra, productora de
nuestra esencia. Las técnicas cerámicas eran utilizadas con
gran dominio y de una interpretación plástica única en
América, donde la labor artesanal se convierte en una obra
de arte y da testimonio de la sensibilidad de nuestros
primeros habitantes.
En la
representación de las pipas fumadoras, también elaboradas en
arcilla o terracota, con formas generalmente zoomorfas,
semejando un pene, ya que el hombre era el responsable de la
fertilidad, representada en las pipas. El Chamán o jefe de tribu
adoptaba la forma y características de algún animal como el
mono, ardilla, rana, murciélago, caimán, y eran utilizados en
los ritos mágico-religiosos, en curaciones o sanación de los
enfermos, donde se quemaba tabaco, vainilla o zarrapia. Solo el
chamán podía usarlas, la comuna fumaba tabaco.
Para las vasijas o cuencas utilizadas para guardar
granos, agua, o en algunos casos pociones o ungüentos
medicinales. Existen algunos de forma antropomorfa y zoomorfas e
incluso algunos fitomorfas, algunas con apéndices lineales y
coloreadas con engobe blanco, marrón, beige. De una o dos bocas,
algunas eran utilizadas en ceremonias o actos rituales.
Las
réplicas son elaboradas en terracota o arcilla, a través de la
técnica del modelado utilizando un engobe de la misma arcilla
para cubrir las piezas después de cocidas para dar un aspecto
antiguo o recién enterradas. Su producción es totalmente manual
quemadas horno de leña o eléctrico.
Ese mismo
interés el cual mencioné al principio, me ha trasladado al
momento y al instante cuando mis antepasados femeninos
realizaban esa labor tan rústica. Al sentarme a trabajar en mi
Taller me puedo trasladar con mi imaginación, sentada al lado de
una alfarera indígena, ayudándome y orientándome en como llevar
mi pieza a su más fiel representación. Es para mí un acto muy
especial, delicado, por eso elaboro mis piezas con mucha calma y
en la más completa armonía con mi entorno, tratando de captar
todo ese misticismo y simbolismo utilizado por mis ancestros.
El momento de la quema de
las piezas en el horno de leña estatalmente mágico, poder
observar como el fuego abraza la madera y envuelve todo en
calor. Contemplar luego de transcurrir algunas horas como se ven
las piezas cubiertas en cenizas y aún calientes sacarlas del
horno.
Todo se convierte en un ritual maravilloso, siempre con
algunos inconvenientes, a veces se fracturan las piezas
perdiéndose totalmente el trabajo realizado. Pero todo forma
parte de una rica experiencia, cada quema es diferente a la otra
y cada una llena de gratificación.
Es mi intención dar a conocer y difundir tan preciado legado,
que llegue al más lejano rincón donde cualquier persona al
contemplarlas pueda sentir esa placidez que llevan consigo estas
réplicas.
I N F O R M A C I Ó N Y
P E D I D O S
Dirección
Urb. El Morro II, calle 144 #
984,San Diego, Estado
Carabobo - Venezuela